Por Paula Valentina Vargas, Fundadora de Building Empiress
@soypaulavargas @building.empiress

Hay caminos que solo se entienden cuando los observamos desde cierta distancia. El final del año nos regala ese privilegio. Y aunque pensar en lo que viene es maravilloso, hoy quiero invitarte a un acto igual de poderoso: ver cómo Dios ha sido fiel en tu historia, aun en los detalles que quizás pasaste por alto. Y no quiero solo que pienses en lo que agradeces este año… vayamos un poquito más atrás.
Quiero que pienses en quién eras en enero del 2020. Cinco años han pasado. Cinco años en los que tu carácter, tu visión, tus decisiones y tu relación con Dios seguramente han cambiado. Cinco años en los que, incluso cuando no lo sentías, Él estuvo guiando tu vida con intención y propósito.
Cuando miro mis propios últimos cinco años, no puedo evitar emocionarme. En el 2020 yo ni siquiera era cristiana, y hoy todo en mi vida —mi fe, mi forma de trabajar, mis decisiones, mi propósito— es fruto de haber conocido a Jesús. De esa relación nació también mi empresa, un proyecto que Dios ha usado para que miles de jóvenes y mujeres descubran claridad, propósito y dirección. Las herramientas que he creado, los talleres que he impartido y los espacios que Dios ha abierto se han convertido en pequeñas semillas que Él usa para edificar vidas.
Este año viví una travesía que marcó mi corazón: tres meses viajando a un nuevo país para explorar la expansión de mi marca y descubrir cómo Dios podía guiarme en esa misión. Solo tenía claras las dos primeras semanas; el resto, Dios me pidió entregárselo. Para alguien con mi tendencia al control, eso fue un desafío inmenso. Yo quería saber dónde iba a quedarme cada día, en qué ciudad estaría, qué decisiones debía tomar. Pero Dios solo me dijo: confía.
Y obedecer esa simple palabra abrió una temporada de milagros. En cada ciudad encontré provisión, puertas abiertas, personas que fueron respuesta de Dios, comunidades de creyentes que me acogieron con amor y espacios donde pude compartir lo que Él había puesto en mis manos. Ver cómo esas herramientas y enseñanzas impactaban vidas fue una confirmación hermosa de que esta misión no nació de mí, sino de Él.
Una de las perlas más valiosas que Dios me regaló este año es entender que solemos recibir según lo que creemos que Él puede darnos. Nuestra vida refleja, muchas veces, la medida de nuestra fe. Si creo que Dios no va a hacerlo, ni siquiera doy mi parte. Pero cuando Él me habla de algo que parece absurdo ante la lógica humana —y sé que viene de Él— dar ese paso de fe prepara el terreno para que Dios haga lo imposible. Cuando me atrevo a avanzar, Él se encarga de poner todo en su lugar.
Por eso, antes de comenzar el 2026, te invito a hacer una pausa y preguntarte:
¿Qué agradeces de los últimos cinco años?
Empieza desde ahí. Desde la gratitud, desde la certeza de que tu vida tiene un propósito divino, y de que aun en medio de las tormentas, tu Padre no te dejará hundir.
El mayor tesoro no son los logros ni las metas cumplidas —aunque son hermosas añadiduras— sino conocer a Cristo y caminar con Él. Cuando eso está claro, la vida se vuelve una travesía de confiar, creer y avanzar.
¿Estás dispuesto a dejarte sorprender? Embarquémonos en esta travesía de creerle a Dios.
