
Tiempo atrás escuchaba la expresión: “porque soy mamá “. En todas esas ocasiones, esa respuesta servía para muchas mamás, de justificación para explicar la increíble habilidad de anticiparse, discernir como nadie, amar y perdonar, pese a las pachotadas de la vida y la familia. Al escuchar dicha expresión, en mi cabeza rondaban sin número de preguntas, pero nunca imaginé que al convertirme en mamá, llegarían las respuestas tan sentidas, vividas y transformadoras.
Entendí que ninguna mujer después de haberse convertido en madre, volverá a pensar, sentir y vivir de la misma forma. Y es que cuando damos a luz a nuestros hijos, también nace una nueva versión nuestra. Eso nunca lo vi venir cuando me convertí en mamá; algo dentro de nosotras se despierta y eso nos rompe junto a todo lo que una vez creímos ser, para dar paso a esa nueva tú, tan extraña, pero que increíblemente maravillosa.
Sin embargo, batallamos con el sentimiento de no ser suficientes: más vulnerables, más limitadas en nuestro tiempo y fuerzas, a merced de nuestras pequeñas bendiciones y con un proyecto de vida que se “reduce” a ese corazoncito que te llama “mamá “. La realidad es, que toda esa incomodidad que vivimos en el día a día, al cargar con nuestros pequeños, ha formado el corazón de Dios en nosotras; si, porque lo más parecido al amor de Dios es el amor de una madre. La Biblia, establece en el libro de Isaías: “ Pero Dios respondió: «Jerusalén, ¿acaso puede una madre olvidar o dejar de amar a su hijo? Y aunque ella lo olvidara, yo no me olvidaré de ti”.
(Isaias:49:14) Por eso, llegamos a ser más empáticas y compasivas, dispuestas a intentarlo por amor, una y otra vez, aprendimos a valorar el tiempo y hacer buen uso de esto, hacer con poco, mucho y a ver sentido y belleza en medio de una sala llena juguetes.
Cuando Dios quiso manifestar su más grande y fehaciente muestra de amor, usó el vientre, el corazón y los brazosde una mujer, la transformó en mamá, ensanchando no solo su vientre, también su corazón y le enseñó el poder del amor para salvar y transformar generaciones.
Entonces cuando me pregunten por qué creo en el poder del amor de Dios para salvar, les responderé: Porque soy mamá!!
Por: Daniela Ortiz Cantín
Pastora y Lic. Consejería Familiar Cristiana
Iglesia Cristiana The Good New