Por: Tatihana Pozo Puccini – @tatihanapozopuccini – www.tatihanapozopuccini.com

En esta temporada escuchamos mucho sobre liderazgo. Existen cientos de cursos, metodologías y coach certificados que enseñan cómo convertirse en un buen líder. Pero surge una pregunta importante: ¿Quién debería ser realmente nuestro centro y nuestro modelo a seguir, cuando hablamos de liderazgo efectivo?
Sin lugar a duda, debería ser Jesucristo. Él no solo estuvo en la tierra por amor a ti y a mí, sino que también nos dejó el modelo perfecto de liderazgo. Lo hizo con su ejemplo, su entrega, su servicio, su dedicación y, sobre todo, con su humildad.
A través de innumerables historias bíblicas podemos observar cómo Jesús se mantuvo fiel a su Padre celestial a pesar de las vicisitudes. Esa fidelidad le permitió modelar con sus acciones a todos aquellos que lo rodeaban.
Considero que muchos de nosotros hemos tenido la oportunidad de dirigir a un grupo, ya sea en nuestro trabajo, en actividades familiares o dentro de la iglesia. Aunque no siempre lo notemos, alguien está observando nuestros pasos.
Recuerdo que, en una reunión, una amiga me comentó que había comenzado a poner en práctica algo que yo hacía cuando mi hija era pequeña y aún vivía con nosotros: orar en la puerta de su habitación, orar por toda la casa y alabar al Señor. En otra ocasión, también había llegado a mis oídos un comentario de esa misma amiga acerca de mi rol como madre, aunque no me lo expresó directamente. Esto me hizo reflexionar que, de alguna manera, mis acciones habían sembrado algo en su corazón. Sin embargo, estoy segura de que el mayor impacto fue en la vida de mi propia hija a través de mi ejemplo como madre.
Cuando tenemos personas a nuestro cargo, es importante explicar claramente las responsabilidades y reglas de la tarea que deberán desempeñar. Cuando llegue el momento de ejecutar la función, debemos acompañarlas, observar cómo lo hacen, preguntar cómo se sintieron, ofrecer retroalimentación y conversar sobre cómo pueden mejorar y ampliar su trabajo.
Finalmente, un líder debe capacitar a otros para que, cuando ya no esté presente, todo pueda continuar funcionando sin problemas, como lo hizo Jesús con los 12 discípulos.
Le pregunté a un grupo de líderes cuál había sido el momento del ministerio de Jesús que más había impactado sus vidas y qué enseñanza de liderazgo habían obtenido de Él.
“Me gusta Lucas 4, la tentación de Jesús. Me impresiona cómo pudo sobreponerse a todas las pruebas. Creo que, de lo contrario, hasta allí hubiera llegado. Prefirió ser humilde y obediente al Padre antes que ceder ante el enemigo.” – Lucy
“Para mí, fue la Última Cena. En los cuatro evangelios vemos que, teniendo toda la autoridad y sabiendo lo que cada uno sentía en su corazón, desde el amor hasta la traición, y siendo todos diferentes, Jesús se mantuvo firme y fiel al Padre, modelando misericordia, compasión, humildad y dominio propio, fruto del Espíritu.” – Noelia
Me llamó la atención que ambas mencionaron historias diferentes de la Biblia y, sin embargo, coincidieron en dos características fundamentales de Jesús: su humildad y su fidelidad al Padre.
Esto nos deja una valiosa reflexión para cada oportunidad que tengamos de liderar a otros: debemos ser humildes, permanecer apegados al Padre celestial y no hacer acepción de personas, tal como lo hizo Jesús.
Algunas prácticas que podemos aplicar como líderes son:
- Desarrollar personas que puedan realizar nuestro trabajo e incluso hacerlo mejor que nosotros.
- Escribir una visión clara y compartir instrucciones precisas con el equipo.
- Corregir cuando sea necesario, sin temor a ofender, pero siempre con educación, amor y respeto.
- Desafiar a nuestro equipo con nuevas responsabilidades que les permitan crecer y, al mismo tiempo, distribuir mejor la carga de trabajo.
- Identificar líderes potenciales e invertir tiempo en su desarrollo.
- Fomentar el trabajo en equipo.
- Liderar mediante el ejemplo en lugar de simplemente dirigir.
Jesús nos enseñó que el verdadero liderazgo no consiste en ejercer autoridad sobre los demás, sino en servirles, guiarlos y ayudarlos a alcanzar el propósito para el cual fueron llamados.
