Por: Pra Marcela Acosta – Iglesia Centro Mundial de Avivamiento Getsemaní – Soacha, Colombia

En vísperas de terminar este año, solo puedo darle gracias a Dios por cada momento vivido: por las dificultades, porque me hicieron fuerte; por las grandes alegrías por que mostraron cuánto me ama Dios y cuánto me aman las personas que me rodean. Por las dudas por que afirmaron mi fe en El, y por los desaciertos por que mostraron mis limitaciones. Agradezco las preocupaciones, pues me enseñaron a depender plenamente de Dios.
“Cada día trae su propio afán”, dice la palabra de Dios y es cierto, cada vez lo compruebo más. Hubo momentos de preocupación que no debieron ser si mi descanso hubiera estado en Dios, hubo momentos de temor por cosas que ni siquiera ocurrieron, y hubo momentos de enojo que sólo quitaron la paz.
Tengo una gran gratitud en mi corazón por este año que termina: gratitud por la vida, por la salud, por los seres queridos que me rodean siempre, por la provisión diaria, porque en todo tiempo Dios me sustentó.
Pude cantar, adorar, clamar y llorar en la presencia de Dios. Pude servirle en lo poco y en lo mucho, pude contar sus maravillas y pude verle en cada momento, aún en aquellos en que me sentía sola.
La vida pasa, y cada minuto es una oportunidad para abrazar, amar y mostrarle al mundo que tenemos un Dios bueno, siempre bueno.
Se está terminando un año, pero si Dios lo permite, abrazaremos uno nuevo. Cada experiencia adquirida en el tiempo que queda atrás se convertirá en una enseñanza para cometer menos errores, crecer en sabiduría y fortalecernos en fe y confianza en Dios.
Termina un año y comienzan nuevos propósitos, nuevas metas y nuevas esperanzas en El. Aún hay mucho por hacer. No es tiempo de parar, de estancarnos ni de cansarnos, por el contrario es tiempo de tomar nuevas fuerzas, de seguir adelante mirando siempre adelante, de no desmayar y de vivir de acuerdo al propósito que Dios nos ha confiado.
El próximo año traerá nuevas experiencias y nuevos retos los cuales venceremos si caminamos de la mano de nuestro Dios. Nos espera de oportunidades, de aprendizaje y de crecimiento.
Gracias, Dios, por este año que se va y gracias mil por el año que estamos por comenzar.
Marcela Acosta Rosas
