Philadelphia, USA

Por Paula Valentina Vargas, Fundadora de Building Empiress
@soypaulavargas @building.empiress

Cuando pensamos en mayordomía, solemos pensar en dinero.
Pero Dios nunca ha sido un Dios interesado únicamente en nuestras cuentas bancarias. Él está
interesado en nuestro corazón. Las finanzas son simplemente una de las muchas áreas donde se revela quién creemos que es nuestro verdadero proveedor.
Durante años pensé que la mayordomía tenía que ver principalmente con administrar recursos
económicos. Sin embargo, mientras más camino con Dios, más entiendo que la mayordomía es mucho más amplia.
Somos administradores de nuestro tiempo, nuestros dones, nuestras relaciones, nuestras oportunidades, nuestra influencia y sí, también de nuestras finanzas.
La pregunta no es cuánto tenemos.
La pregunta es qué estamos haciendo con aquello que Dios puso en nuestras manos.
Muchas veces vivimos como propietarios de cosas que realmente nos fueron confiadas temporalmente. Hablamos de “mi negocio”, “mi dinero”, “mis talentos” o “mis logros”. Sin
embargo, cuando entendemos que todo proviene de Dios, nuestra perspectiva cambia por completo. Ya no administramos desde la ansiedad. Administramos desde la gratitud.
Porque es muy difícil vivir aferrado a algo cuando reconoces que nunca te perteneció.
La verdadera prosperidad no consiste en acumular más. Consiste en aprender a confiar más.
He descubierto que una de las mayores pruebas de fe no es cuando tenemos poco, sino cuando tenemos mucho. Porque es fácil depender de Dios cuando no tenemos otra opción. Lo desafiante es seguir dependiendo de Él cuando los recursos comienzan a llegar. Por eso la mayordomía siempre estará ligada a la confianza.
Cuando sabemos que Dios es nuestra fuente, podemos ser generosos sin miedo. Podemos invertir con sabiduría. Podemos dar con alegría. Podemos obedecer incluso cuando no entendemos completamente cómo funcionarán las cosas.
Malaquías 3:10 no es simplemente una conversación sobre diezmos. Es una invitación a confiar.
A creer que Dios sigue siendo capaz de sostenernos. A recordar que nuestra seguridad no está en una cifra, una cuenta bancaria o un negocio exitoso. Nuestra seguridad está en Él. Y esa confianza transforma nuestra manera de administrar. Nos vuelve más responsables, no menos.
Nos lleva a planificar, trabajar y construir con excelencia, pero sin cargar el peso de pensar que todo depende de nosotros. Porque la realidad es que nunca dependió de nosotros. Dependió, depende y dependerá siempre de Dios.
Quizás la mayor lección de la mayordomía sea esta: aprender a abrir las manos. Abrirlas para recibir.
Abrirlas para administrar. Y abrirlas para entregar cuando Él lo pida.
Porque cuando entendemos que Dios es el dueño y nosotros los administradores, dejamos de vivir preocupados por conservar lo que tenemos y comenzamos a vivir enfocados en multiplicar lo que Él nos confió. Y allí, precisamente allí, comienza la verdadera prosperidad.

Por Paula Valentina Vargas
Founder of Building Empiress

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *