Escrito por: Sandra Vargas- Psicóloga y Escritora- Panamá
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Desde el principio, Dios estableció un diseño perfecto para la familia. La creó conformada por padre, madre e hijos, con el propósito de que el ser humano caminara en amor, obediencia y bendición. Sin embargo, la desobediencia del hombre interrumpió el diseño original y abrió la puerta a un mundo caído, que solamente puede encontrar salvación y vida verdadera en nuestro Señor Jesús.
En la actualidad, la sociología reconoce distintos tipos de familias: nuclear, monoparental, extensa, reconstruida, adoptiva, de acogida, comunitaria, unipersonal, multigeneracional y binuclear, entre otras. Aunque el mundo las clasifica según su estructura, todas coinciden en algo fundamental: -lo que verdaderamente hace una familia no es únicamente su composición, sino el amor, el compromiso, el cuidado y la responsabilidad entre sus miembros-.
Como creyentes, entendemos que Jesús nos enseñó una dimensión aún más profunda sobre la familia. Cuando Su madre y Sus hermanos fueron a buscarle, Él respondió: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.” -Mateo 12:50 (RVR1960)-

Con estas palabras, el Señor nos mostró que en Él somos familia.
Jesús nos enseña que estamos llamados no solamente a cuidar nuestro hogar, sino también a acompañar, restaurar y fortalecer otros hogares. Somos llamados a orar los unos por los otros, estudiar juntos la Palabra de Dios y caminar unidos en un mismo Espíritu.
Hace 5 años, junto a nuestra hija Sofi, quien hoy está en la presencia del Señor, iniciamos un grupo de estudio bíblico que comenzó impactando a nuestra familia cercana y hoy alcanza a hermanos en Cristo en países como Estados Unidos, Canadá, México, Costa Rica, Panamá, Venezuela y Colombia. Damos gracias a Dios porque ha fortalecido y multiplicado esta obra, porque Su Palabra permanece para siempre.
Hoy somos muchas las familias reunidas en Dios, estudiando la Biblia verso a verso, aprendiendo el texto y su contexto, fortalecidos en la fe y unidos por una misma convicción. Más allá de las diferencias doctrinales o de las distintas maneras de pensar, hemos comprendido que el amor de Cristo nos une como una sola familia eterna.
El mundo necesita familias fortalecidas por Dios; hogares donde Cristo sea el centro, donde la oración sea refugio y donde la Palabra sea guía para cada generación.
“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué 24:15 (RVR1960)
