Philadelphia, USA

“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.” Génesis 28:15

En este mes he hecho un resumen de todo lo vivido durante estos últimos meses, y cada vez que reflexiono sobre ello, solo puedo agradecer a Dios por su cuidado, su protección y su fidelidad. Su amor nos sostiene y nos guía día a día por el camino que Él ya trazó para nosotros.

Cuando leemos Génesis 28:15, debemos profundizar verdaderamente en lo que significa esta promesa: Dios está con nosotros, guarda nuestro camino y no nos abandonará hasta cumplir aquello que nos prometió.

Entonces surge una pregunta en mi mente:

Señor, ¿Qué es eso que Tú me prometiste? Porque una vez más fui guardada… no solo yo, también mi esposo.

Recientemente, en un tranquilo sábado mientras salíamos a comer algo, un conductor chocó nuestro vehículo. El estruendo fue tan fuerte que, en medio del susto, lo único que pude decir fue: “Gracias, Señor, porque estamos bien”.

Para mi sorpresa, cuando bajé del carro después de que mi esposo estuviera hablando unos minutos con el conductor, descubrí que nuestro vehículo no tenía ni un rasguño. No solo fuimos resguardados físicamente, sino que Dios cuidó hasta el más mínimo detalle.

Y nuevamente vino esta pregunta a mi corazón:

Señor, ¿De cuántas cosas me has guardado sin que yo siquiera me haya enterado?

Porque a veces podemos ver claramente la mano de Dios, pero otras veces Él nos protege en silencio, sin que lleguemos siquiera a notar el peligro. Por eso, nuestra respuesta consciente debe ser una vida de gratitud, de conexión constante con nuestro Creador y de dependencia total de Él. Si aprendemos a fortalecer nuestra fe en las pequeñas cosas cotidianas, estaremos preparados para enfrentar los grandes desafíos y las tormentas de la vida.

¿Y cómo podemos desarrollar nuestra fe?

Sumergiéndonos en la presencia de Dios, leyendo Su Palabra, buscando momentos a solas con Él y cultivando diariamente la necesidad de permanecer conectados a Su voz.

 ¿Cómo podemos transmitir nuestra fe a nuestra familia?

Permitiendo que ellos vean cómo actuamos en esos momentos donde solo Dios tiene el control; viviendo cada día una vida comprometida con Él, avanzando con confianza aun en medio de la incertidumbre.

¿Y cómo podemos inspirar a otros con nuestra fe?

Cuando el panorama se vea difícil, seguimos sirviendo, seguimos congregándonos, seguimos hablando vida y no derrota. Construimos espacios donde otros quieran permanecer porque pueden ver las grandes cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas.

Ese accidente me recordó una vez más que Dios me guarda dondequiera que voy, y que Él está conmigo y con mi familia.

 

Tatihana Pozo Puccini

Redes Sociales: @tatihanapozopuccini

www.tatihanapozopuccini.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *