Philadelphia, USA

Por Paula Valentina Vargas, Fundadora de Building Empiress
@soypaulavargas @building.empiress

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” — Colosenses 3:23

 

Hablar de amor en el liderazgo no siempre es cómodo. Muchas veces asociamos el amor con suavidad, comprensión o paciencia y sin duda lo es, pero pocas veces lo relacionamos con corrección, responsabilidad y acción firme. Sin embargo, el amor verdadero también sabe confrontar, ordenar y edificar lo que ha sido puesto en nuestras manos.
En el liderazgo, especialmente en el ámbito empresarial, amar no significa evitar conversaciones difíciles ni postergar decisiones necesarias. Amar es tener el valor de corregir cuando algo no está funcionando, de marcar límites claros y de cuidar el propósito aun cuando hacerlo incomode. La corrección sin amor puede destruir, pero el amor sin corrección termina descuidando lo que Dios nos confió.

Proverbios 27:6 nos recuerda que “fieles son las heridas del que ama”. Liderar con amor implica entender que a veces edificar requiere incomodar para proteger, ajustar para crecer y decir la verdad con gracia. No todo lo que corrige hiere, ni todo lo que calla ama.
En la empresa, el amor también se manifiesta en la excelencia. Amar lo que Dios nos ha dado es ser diligentes con nuestros recursos, responsables con las personas que confían en nosotros y fieles en lo pequeño. No se trata solo de resultados financieros, sino de la forma en que construimos: con integridad, orden y propósito.
Creerle a Dios es otra expresión profunda del amor. Cuando confiamos en Su dirección, incluso cuando no tenemos todas las respuestas, estamos demostrando que amamos Su voluntad más que nuestro control. Tomar acción desde la fe invertir, crear, contratar, avanzar es amar el llamado que Él puso en nuestras manos y no enterrarlo por miedo.
Jesús habló del siervo fiel que multiplicó lo que se le confió, no del que lo guardó intacto por temor. Amar no es solo cuidar, también es hacer crecer. Y eso aplica tanto a las relaciones como a los proyectos, los equipos y las visiones empresariales.

Servimos desde lo que hacemos cuando entendemos que nuestro trabajo es un altar. Cuando lideramos personas con respeto, cuando buscamos impacto más allá de la ganancia, cuando usamos nuestras empresas como herramientas para bendecir, estamos amando en acción.
Amar es edificar con intención. Es corregir con sabiduría. Es trabajar con excelencia. Es creerle a Dios cuando el camino no es claro. Y es asumir la responsabilidad de construir bien aquello que Él nos ha confiado.
Porque el amor que no actúa se queda en intención,
pero el amor que obedece a Dios deja legado.

Por Paula Valentina Vargas
Founder of Building Empiress

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *