Philadelphia, USA

Escrito por: Sandra Vargas- Psicóloga y Escritora- Panamá

@sandravargaspsicologacristiana  @mitesoroestaenelcielo

 

Emprender no es simplemente iniciar un negocio; es responder a un llamado. Nace cuando identificamos una oportunidad, cuando existe un propósito claro y, sobre todo, cuando estamos dispuestos a trabajar con disciplina y constancia, no solo para nuestro propio beneficio, sino también para el de los demás. Emprender implica diseñar, desarrollar y gestionar un proyecto que busca resolver problemas o satisfacer necesidades, ya sean personales o sociales. Más allá de la independencia financiera: hay emprendimientos que nacen para impactar el alma y trascender lo material.

Hace cuatro años, nuestra amada hija Ana Sofía partió al cielo. Su ausencia marcó un antes y un después en nuestras vidas. Con un dolor inmenso y en medio de esta difícil experiencia, encontramos algo inesperado: una cercanía más profunda con Dios. Comprendimos que, cuando el corazón está dispuesto, el Señor obra de maneras inimaginables y decidimos sembrar en esta vida, frutos que serán cosechados en la eternidad.

A partir de su partida, Dios comenzó a formarnos con una visión eterna. Nos enseñó que la vida no termina aquí, que existe una esperanza viva: la promesa de estar a Su lado, junto a quienes le aman, por toda la eternidad. Esa certeza nos impulsó a avanzar y a transformar el dolor en acción.

Dios comenzó a abrir puertas, en Su gracia, nos regaló el libro “Mi tesoro está en el cielo” y abrió caminos a través de las redes sociales, canales, revistas digitales, la aplicación Youversion, grupos de estudio y espacios de consejería, permitiéndonos compartir Su Palabra y acompañar a quienes buscan en Él, la guía para enfrentar los desafíos de la vida.

Lo que inició como una experiencia de ausencia, se transformó con el tiempo, en un propósito que hoy impacta y bendice la vida de muchos. En este camino entendimos que el emprendimiento no siempre produce frutos económicos, también genera frutos espirituales: aquellos que llenan el corazón de gozo y paz, fortalecen la fe y nos recuerdan que, Dios es conoce nuestras necesidades y cuida de nosotros en todo momento.

Hoy, más que una historia, este es un llamado a emprender con propósito, a reconocer que cada situación de la vida, incluso las más difíciles, pueden convertirse en una oportunidad para servir y bendecir a otros incondicionalmente.

Emprender para Dios es permitir que nuestra vida se convierta en un instrumento de fe y un testimonio vivo de Su amor. Es transformar nuestras experiencias en puentes de esperanza, para que otros puedan acercarse a Él y descubrir bendiciones que nos acompañarán por siempre.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”. 2 Corintios 1:3-4

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