Philadelphia, USA

Escrito por: Sandra Vargas- Psicóloga y Escritora- Panamá
@mitesoroestaenelcielo @sandravargaspsicologacristiana

A lo largo de la historia, el amor se ha sido definido y clasificado de múltiples maneras. Los griegos identificaron tres tipos básicos: Eros, Ágape y Philia; la psicología, ha propuesto seis estilos de amor: Eros (pasional), Ludus (lúdico), Storge (amistoso), Manía (obsesivo), Pragma (práctico) y Ágape (desinteresado).
Por su parte, el psicólogo Tim Lomas, analizó diversos idiomas y culturas, e identificó catorce formas en las que el ser humano experimenta y expresa el amor, las que llamó “los 14 sabores del amor”: Meraki, Érōs, Chōros, Philia, Philautia, Storgē, Epithymia, Paixnidi, Mania, Prâgma, Anánkē, Agápē, Koinōnía y Sébomai.
Desde una perspectiva cristiana, el pastor Gary Chapman, propuso cinco lenguajes del amor, como maneras prácticas de expresión: palabras de afirmación, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y contacto físico.
Así, queda en evidencia que las definiciones y expresiones del amor son innumerables, reflejando su complejidad y profundidad en la experiencia humana.
La Palabra de Dios es la verdad, en ella encontramos la definición perfecta del amor: “Dios es amor”. Esto significa que, solo podemos amar verdaderamente cuando hemos conocido y nacido de Dios (1 Juan 4:7–8).
Nuestro Señor nos enseña acerca de Su amor, a través del apóstol Pablo, en la primera carta a los Corintios, capítulo 13, donde se nos revela, ¿qué es el amor?, ¿cómo se manifiesta en nuestra vida? y la importancia de permanecer en el amor de Dios, como fundamento de toda vida cristiana.
Los primeros tres versículos nos llevan a comprender que el amor es la esencia misma del carácter de Dios: un amor perfecto, eterno y superior a todo don espiritual. Sin importar cuán grande sea nuestra comprensión de la palabra de Dios, cuánto conocimiento poseamos o cuánta fe profesemos, si nuestro corazón no permanece arraigado al amor de Dios, todo pierde sentido y valor delante de Su presencia.
En los versículos del cuatro al siete contemplamos las características únicas del verdadero amor de Dios: paciencia, bondad, humildad, perseverancia y perdón incondicional. Este amor todo lo cree, todo lo soporta y todo lo espera, enseñándonos que quienes vivimos guiados por el Espíritu Santo, podemos enfrentar cualquier circunstancia por medio de Su fruto obrando en nosotros.

Finalmente, en los versículos del ocho al trece, el apóstol Pablo vuelve a enfatizar la importancia de permanecer en el AMOR, es decir, permanecer en Dios. Todo lo demás tendrá su fin, pero el amor —que es Dios mismo— permanece para siempre, porque es eterno.
“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.” 1Juan 4:16

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