Philadelphia, USA

Por Paula Valentina Vargas, Fundadora de Building Empiress

Bogotá – Colombia
@soypaulavargas @building.empiress

Hay una fe que no solo cree, sino que se mueve.
Una fe que no espera a tener todo claro para avanzar, sino que decide caminar aun cuando no
ve nada materializado.
Es la fe que se atreve a salir de lo conocido, a tomar pasos que no siempre tienen lógica, a responder a Dios incluso cuando el camino parece incierto. Es la fe que camina sobre el agua.
Emprender no siempre es iniciar un negocio. A veces es empezar de nuevo, tomar una decisión difícil, obedecer una instrucción de Dios o dar un paso que parece más grande que nuestras propias capacidades. Y en todos esos escenarios, la pregunta no es si podemos hacerlo, sino si estamos dispuestas a creerle.

Porque al final, obtenemos lo que creemos que Él puede darnos.
Si creemos que Dios puede hacer poco, viviremos limitadas. Si creemos que ciertas cosas no son posibles, ni siquiera lo intentaremos. Pero cuando realmente creemos que Él es capaz de abrir caminos, proveer, sostener y sorprendernos, algo cambia: nos atrevemos.
Y es ahí donde comienza lo sobrenatural.
Muchas veces hemos reducido la fe a palabras o a momentos específicos, pero la fe real es práctica. Se ve en decisiones. En acciones. En la forma en que vivimos cada día. No es cruzar los dedos esperando que Dios bendiga lo que hacemos; es construir desde la certeza de que Él está involucrado en cada paso.
La fe que emprende se traslada a todo: a los negocios, a las relaciones, a la obediencia diaria.
Se refleja en cómo lideramos, en cómo tratamos a las personas, en cómo tomamos decisiones cuando no tenemos todas las respuestas.
También se extiende a la cultura que creamos a nuestro alrededor.
Cuando vivimos desde la confianza en Dios, influenciamos a quienes trabajan con nosotros, a nuestro equipo, a nuestra familia. Dejamos de operar desde el miedo y empezamos a construir desde la fe. Y eso transforma ambientes.
No se trata de ser irresponsables o de ignorar la realidad. Se trata de hacer nuestra parte con excelencia, pero entendiendo que nuestra fuente no son nuestras fuerzas. Es Dios.
El equilibrio está en vivir con diligencia, pero depender con fe.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) no es solo una frase motivacional; es una declaración de dependencia. Es reconocer que hay una fuerza mayor operando en nosotros cuando decidimos creer.
La invitación es a dejar de ser cristianos de título, que intentan hacerlo todo en sus propias fuerzas mientras esperan que Dios intervenga al final. Es tiempo de vivir una fe activa, una fe que se acostumbra a lo sobrenatural sin dejar de ser responsable.
Una fe que camina, que obedece, que construye. Porque no se trata de qué tan capaces somos, sino de qué tanto nos atrevemos a creerle a Dios.

Por Paula Valentina Vargas
Founder of Building Empiress

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